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Hace 3 años hice un dibujo. Mi Paticita estaba sentada en el pasto triste porque se sentía solita, yo me dibujé a sus espaldas disfrazado como SuperEddo cuidando de ella. Cuando se lo entregué, ella lo guardó con cariño y me dijo que yo siempre sería su superhéroe. Ahora que ella partió al Cielo se que no estaré solo, porque ella cuidará de mi en cada instante de mi vida, pues el amor tan grande que nos unió no se iba a romper tan facilmente. Hice el otro dibujo donde ella aparece como mi angelita, cuidandome y sonriendo tan dulce como solía hacerlo. Con esto cierro un capítulo importante de mi vida y lo quiero cerrar de la mejor manera. Adiós mi amor, la vida continúa y se que tú estarás a mi lado cuando me falten fuerzas y no pueda seguir. Te amo.

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Adiós amor

12/06/1988 - 09/03/2010

Cuando la conocí nunca imaginé que llegaría a ser tan importante en mi vida. Recuerdo aquellas conversaciones por messenger allá por el 2006 cuando nos acababan de presentar vía online y la encontraba en línea las pocas veces que encontraba una cabina desocupada. Luego vinieron las llamadas al celular y los piropos tímidos. La empecé a querer mucho; conversábamos de todo y nos teníamos gran confianza. Recuerdo también que ella no tenía ninguna foto, salvo una en la que ella aparecía como una mancha borrosa y apenas se distinguía que era ella por su blanca piel. Y yo me enamoré de aquella manchita borrosa que me decía lindas cosas por el messenger y me hablaba con su dulce voz por el celular, aquella chica que me enviaba mensajitos tiernos antes de irme a dormir, de aquella chica cuyo rostro no conocía pero con el cual soñaba todas las noches. Recuerdo que un día me dijo: ‘Oie Eduardito… creo… creo que… te amo’ ; yo caí de la silla y el teclado me cayó en la cabeza como diciendo ‘hey tonto! no estás soñando!!!’ . En ese momento no supe que decirle y atiné a decirle: ‘Paticita, creo que yo también :) ‘. Luego no se volvió a conectar durante una semana, pero de vez en cuando me enviaba mensajitos al celular.

Era octubre del 2006 y ella ya sabía mucho sobre mí, vio todas mis fotos en el Hi5, estudiaba inglés con mi hermano y era muy amiga de las gemelitas. Estaba decidio a estar con ella, esperamos hasta diciembre. Acabó mi primer año en la Universidad y tomé el primer bus que salía a Trujillo, quería encontrarla y decirle cuanto deseaba estar con ella. Llegué a Trujillo el 19 de diciembre del 2006 y no fue hasta las 7 de la noche de ese día que pude verla. Quedamos en encontrarnos en la casa de las gemelas para ayudarlas a mudarce a un departamento en el tercer piso. Cuando llegué, ella no estaba; había salido a comprar con unas amigas y pronto regresaría. Fuimos a buscarla y la encontré, venía conversando con su amiga y comiendo un chupetín de fresa. Vestía una casaca de jean y su cabello negro estaba suelto, aquella noche oscura se iluminó con su rostro tan blanco como la misma luna, un tierno lunar arriba de sus labios rojos y una mirada capaz de dejar indefenso a cualquiera. Era ella Paticita Pereira, me miró con timidez y me tomó del brazo y recostó su cabeza en mi hombro mientras la mano que sostenía su chupetín temblaba como en la más cruda noche de invierno.

Al instante quedé prendado de aquella chica que me escribía cosas tan lindas. Dos días después, un 21 de Diciembre, fuimos a la casa de las gemelas con la idea de salir luego a alguna parte. Estabamos sentados en el balcón pensando a donde ir cuando empezó a llover. Pensamos en ver una película en casa, cuando la luz se fue; maldije mi mala suerte mientras las gemelas le contaban a Patty que yo siempre he sido recontra salado. Ella se acercó a mi y me dijo: ‘Oish no pongas esa carita, amo tu mala suerte, me encanta la lluvia y los apagones’. Yo quedé sorprendido y en ese momento la llevé al balcón, sabía exactamente lo que tenía que hacer.

La tenue luz de luna que se filtraba entre aquellas negras nubes caía en su rostro dándole un brillo místico y una belleza incomparable, le dije que sea mi enamorada y ella quedó en silencio. Solo se escuchaba el sonido de las gotas de lluvia en las hojas de los árboles, de pronto ella me miró y sus ojos brillaron, se acercó a mi oreja y sus labios me susurraron: ‘si mi amor… claro que si’.

Y allí empezó todo, una noche de lluvia y apagón fue testigo del inicio de una relación tan intensa que me dejó sin respiración por casi tres años. Hubo muchos altibajos, pero poco a poco nuestros defectos fueron desapareciendo y solo quedabamos el uno para el otro. Nuestro primer beso fue debajo de un árbol de palto en una fría noche, mientras nos reiamos de lo lornazas que nos veiamos alli tan melosos. Poco después me llevé a la niña que vivía en ella y se convirtió en mujer en mis brazos. Todo fue tan intenso y suave a la vez. Sus tiernos besos y palabras apasionadas hacian que el día fuera más brillante y la luna más grande, las nubes más blancas y el mar más amplio. Supimos mantener la relación a la distancia cuando regresé a Piura; pero ella solía ponerse triste por mi ausencia.

Hasta que un día Dios, accedió a sus oraciones y le concedió el deseo de tenerme siempre a su lado y la convirtió en un tierno angelito que ahora mismo seca mis lágrimas y me alienta a seguir adelante y a no rendirme. Tanto le pedí a Dios que me regalara al amor de mi vida, tantos años nuevos comiendo uvas y pidiendo que ese deseo se hiciera realidad; porque cuando pides algo con tanto, tanto amor, cuando lo pides de corazón Dios oye tu voz. Él la trajo hacia mi y fue una muestra del Paraiso, lo que me espera luego de pasar una vida en la que tendré a ese angelito acompañándome y cuidando de cada paso que de. No debo rendirme ni deprimirme, ella no lo quería asi. Sin embargo no puedo negar mi tristeza por no volver a besar sus labios, ni acurrcarme en su pecho y sentir como ella besaba mi frente y me decía que todo pasa por algo y que nunca agachara la cabeza. Adiós amor mío, adiós Paticita… tus cenizas son la evidencia perfecta del fuego de nuestra pasión, sé que tu cuerpo descansa ahora de esa forma; pero que tu alma se encuentra en un lugar mejor y que ahora me cuida y guía mis pasos.

Y con este post cierro también oficialmente este blog que tantos recuerdos me trae; pero ya es tiempo de voltear la página. Gracias a todos los que me siguieron estos años. El fin ha llegado, pero pronto renaceré de las cenizas y volveré.

El Hombre de la Capa

Ahí va un hombre, camina por las sombrías calles de Londres, en medio de los rascacielos y los cafés, una niña lo ve pasar a través de la ventana de una dulcería en la que está con su hermano mayor; lo observa detenidamente. ‘Que hombre tan extraño’  piensa. La niña va con su hermano de regreso a casa, mamá prepara la cena y papá lee el diario, la niña recuerda al extraño de la capa, el extraño señor que vio pasar a través de la ventana de la dulcería.

Quien sabe porque, ella aun lo recuerda.

Su hermano la llama para pedirle que esconda unos billetes en su habitación, ella como buena hermanita acepta guardarlos .No les digas a nuestros papas que te di esto, será nuestro secreto. Bueno, no les diré.

La niña sale corriendo al jardín y espanta al gato que se comía el cabello de su muñeca, gato malo, eso no se hace. El gato observa con indiferencia como la niña consuela a la pobre muñeca, a la que le faltan unos mechones de cabello.

Al día siguiente, mamá lleva a la niña al parque, es un día soleado, saca un libro de su bolso y se sienta a leerlo. La niña esta en los columpios, con su muñeca pelada, los otros niños no se le acercan, la niña no sabe porque, se siente triste. El hombre de la dulcería está a unos pocos metros, con su capa negra, tan misterioso, mirando a los niños jugar. El hombre levanta la vista y se encuentra con la niña, esta desvía la mirada, peina el imaginario cabello de su muñeca y vuelve a mirar, el hombre aquel aun sigue ahí, aun la observa.

-No encuentro el dinero!!!

-Lo puse ahí, estoy segura, revisa otra vez

-Ya lo he buscado, te digo que no esta

-Es imposible, iré a ver yo.

Mama y papa buscan el dinero que ahorraban, no lo encuentran, lo buscan una y otra vez, nada. Se miran el uno al otro, preocupados, preguntan a su hijo si ha visto el dinero, no, responde él, le preguntan a la niña, mira a su hermano, este le guiña el ojo, no, tampoco lo he visto. Ahora que haremos, no lo sé, tendremos que empeñar tu collar de perlas, no hay otro remedio, pero no entiendo que pudo haber pasado, ladrones no, creo nos habríamos dado cuenta, bueno, eso ya no importa iré mañana temprano a la casa de empeño.

La niña y su hermano salen de casa, el lleva el dinero en su bolsillo, caminan presurosos por una calle peligrosa, esta oscureciendo, no debemos demorar, al cruzar una esquina, un perro aúlla tristemente, el cielo amenaza con desatar una tormenta. Quédate aquí, regresaré pronto, no te muevas. El niño entra a un edificio viejo, la niña se queda sentada en la acera abrazada a su muñeca calva.

El hombre de la capa aparece como un fantasma a lo lejos, la niña lo observa dirigirse hacia ella, el hombre de la capa le sonríe, su sonrisa es lúgubre, pero la niña no sabe sentir miedo, y le devuelve la sonrisa con la inocencia que caracteriza a los predestinados a ser ángeles. El hombre de la capa le quita la muñeca de sus brazos, y la esconde bajo su capa, la niña lo mira expectante, el hombre le devuelve la muñeca con su rubias trencitas de antes, como nueva. La niña levanta la mirada para agradecerle y el hombre de la capa ha desaparecido.

Dentro del edificio, el muchacho toca la puerta, una mujer anciana y pintarrajeada con aires de gitana lo recibe, pasa muchacho, has traído el dinero? Ah, muy bien. La mujer le entrega un frasquito con un liquido violáceo en su interior, aquí esta lo que te prometí, ahora vete. El niño le pregunta, de verdad, me promete que funcionará?, Sí vamos vete ya.

La niña ve salir del edificio a su hermano con aire triunfal. Ahora sí, le dice, nunca hermanita, ya nunca más. Ambos caminan rumbo a casa.

Pero donde han estado, estábamos muy preocupados, les dice mama. Lo siento mucho fue mi culpa dice el muchacho. Bueno váyanse a dormir ya, es muy tarde.

La niña se duerme abrazada a su muñeca, acariciando sus nuevas y rubias trencitas.

El muchacho se despierta temprano al día siguiente, mamá y papa están en la habitación de la niña, papá le toma la temperatura, tendremos que llamar al doctor otra vez, dice mama. No, dice el muchacho, yo se con que se sanara, y saca del bolsillo el frasquito con el liquido violeta, que es esto pregunta el padre, es una poción, me la dio una gitana, con esto ya no tendrán que ponerle mas inyecciones, ni tendrá que tomar mas medicinas amargas. Con esto mi hermanita no sentirá mas dolor papa, es verdad, la gitana me dijo que… Papá le quita el frasquito y lo huele, esto, es arsénico hijo, esto es veneno, te das cuenta de lo que ibas a hacer? Pero la gitana me dijo… La gitana te engañó hijo, esto es veneno.

La niña esta en la cama de un hospital, su madre duerme en una silla a su lado. La niña sale de la habitación y camina por el pasillo con su inseparable muñeca, el hombre de la capa está ahí, parado al lado de una enfermera, la niña se le acerca con su sonrisa inocente, el hombre de la capa la toma de la mano. Vamos.

No pudimos hacer nada señora, lo siento mucho, dice el doctor. Mamá llora desconsoladamente, y abraza la calva muñequita de su niña. Papá abraza a su hijo. Afuera el cielo es gris, muy gris, ha empezado el invierno.

Viejo tu viejo!!!

Tercer domingo de Junio, Día del Padre, del Papi, del Api (tampoco, tampoooco), del Papacito, del Viejo, del Cocho, del Papá. Hace un buen tiempo que no he escrito en mi blog y esta es una buena ocasión para reinaugurar a Momentarius (que por cierto ayer llegó a las 40 000 visitas). Hay padres que son dignos de un monumento, padres que están a tu lado desde que eras una masita amorfa metida en la barriga de tu mami, padres que estuvieron alli ayudándote a dar tus primeros pasos, padres que le pusieron rueditas a tu bicicleta, que te hicieron el nudo a la corbata cuando fuiste a tu primer quinceañero, padres que te esperan hasta altas horas de la noche para ir a recogerte de alguna fiesta, padres que destapan una cerveza contigo, padres que lloran contigo, que rien contigo y se vuelven tus mejores amigos.

Mi padre: Carlos Dios Alemán

Mi padre: Carlos Dios Alemán

Este post va dedicado a mi papá con mucho amor!!! Desde que era muy pequeño, el está a mi lado para enseñarme y mostrarme el mundo. Cuando era pequeño y era el concentido de la familia (por ser el primer nieto), el estuvo alli para corregirme; cuando todos me decían “run run” al carro o “tota” a la pelota, él estaba alli para enseñarme a decir “caaa-rro”, “pe-looo-ta”. Me llevó de la mano unos instantes para darme confianza al caminar, luego me dejaba solo para que yo siguiera. Me enseñó a, que si caía, debía levantarme y seguir. Me enseñó que llorar no te ayuda a solucionar tus problemas. Me enseño a comer con cubiertos y no esperar a que venga alguien a darme de comer. Me enseño a ser responsable por mis cosas, que si tiraba lejos un juguete, tenía que ir yo a recogerlo y no esperar a que pase el abuelito o la tía y lo recoja por mi.

Me enseñó a salirme de la alfombrita en la que siempre estab sentadito esperando que todo me cayera a las manos, me enseñó a hacer las cosas por mi mismo: ir al baño, hablar con propiedad, pedir y no llorar, a asumir las consecuencias de mis actos, a ser agradecido y a superar los obstáculos. Esto solo durante los primeros dos años de mi vida. Cuando nació mi hermano me enseñó a que debía protegerlo a toda costa, a que yo era responsable de su seguridad y que debía enseñarle lo que con amor él me enseñó a mi.

Cuando cumplí 5 años, mi papá respondió con paciencia y tino todas las preguntas que le hacía, me explicó las cosas con cariño, de forma directo y sin mentiras o tabúes. Celebró conmigo mis logros y me apoyó cuando mis ideas no eran escuchadas por nadie. Cuando entré al jardín no lloré el primer día por alejarme de mis padres, el me miraba de lejos pues sabía que tanto él como mi madre me había criado para que fuera independiente.

A esa edad también me enseñó a valorar mi trabajo, cuando lo ayudaba a cambiar la llanta del carro y sostener y alcanzarle las herramientas que él necesitara. Me enseñó el valor intrínseco de las cosas y a darme cuenta que los juguetes que el hacía para mi eran mejores que cualquier Power Ranger y que los dibujitos de animales que él me hacía eran mejores que los muñequitos de plástico que los otros niños tenían. Para mi, algo hecho por mi padre era el mayor tesoro que un niño pudiera tener.

Cuando entré al colegio, mi mamá me enseñó que debía estudiar mucho y a dar lo mejor de mi si quería ser mejor; si tenía una nota baja, mi papá me decía que siempre es más importante aprender lo que te enseñan que sacar un 20, me enseñó que de nada sirve saber más si no comparto lo que sé con los demás. Cuando los abusivos me hacían llorar, el estaba allí para medir la situación. Si quién me molestaba era mayor que yo, mi papá me defendía; pero si yo podía hacerlo por mi mismo y no quería por miedo, el me infundía valor.

Recuerdo una vez que mi papá me castigó por no haberle respondido un golpe a un abusivo. “Si mañana no te botan del colegio por dejar en el hospital al csm que te pegó, yo te agarro a correazos”, hubo un encontrón de ideas con mi madre; pero esas palabras estaban ya en mi cabeza. Al día siguiente, cuando el abusivo me vino a pegar lo estampé contra la pared dejándolo inconciente (ojo que yo de chiquito era petizo y bien flaquito, y el abusivo este era un gordo grandulón). Mi papá me felicitó y abogó por mi ante la directora. Ese año me cambiaron de colegio.

Durante esa etapa de cambio, entre la niñez  y la adolescencia, mi papá estuvo allí para resolver todas mis dudas, fue paciente conmigo y me dijo las cosas tal como eran. Me enseñó el valor del trabajo, me enseñó a defenderme por mi mismo, a cuidar de los más débiles (“Tienes que ser fuerte para defender a los que amas” me dijo), me enseño a hacerle caso a mi mamá y a respetar las decisiones de ambos.

Me enseñó que no debía quedarme en un 10% de mi capacidad, me enseñó a dar el 100% por ciento en lo que hacía y a no rendirme. Me enseñó que el trabajo dignifica a la persona. Recuerdo que siempre lo ayudaba cuando era cuestión de reparar el carro en el que hacía taxi; los sábados le hacíamos mantenimiento y el mayor premio era acabar el día cansados después de una ardua jornada; si había dinero nos compraba un heladito.

Cuando cumplí 15 años estuvo allí cuando le conté que la chica que me gustaba no me daba bola, me aconsejó lo que debía hacer y lo que no. Me habló se sexo y abstinencia, de condones y de SIDA. Me enseñó a tratar por igual al profesional, al barrendero, al mendigo, a tratarlos con respeto y a aprender de cada uno de ellos. Me habló de drogas, de alcohol y de malas juntas. Me llevó por toda la ciudad para que conociera por donde debería andar y por donde no, me enseñó con quienes tratar y con quienes no. Me enseñó a usar mi fuerza para defender y no para atacar, me enseñó que el valor del estudio era importante en la vida y que nunca debía dejarlo de lado, que si quería ser el mejor, también debía serlo en el salón de clases.

Mi padre me enseñó (y me sigue enseñando) cosas que no están en los libros o en Google, cosas que solo se aprenden con la experiencia, me enseñó las cosas buenas de la vida para que yo aspirara a seguirlas y también me enseñó el lado oscuro del mundo para que me diera cuenta que debía mantenerme alejado de él, me llevó hasta las zonas más oscuras y peligrosas, a tratar con delincuentes y drogadictos, para que conociera lo que me podría pasar si seguía un mal camino.

Cuando ingresé a la Universidad y me vine a Piura, mi papá me acompañó y me enseñó a lavar mi ropa, a cuidar del dinero y a no malgastarlo. Él regresó a Trujillo y me dijo que confiaba en que yo daría todo de mi para seguir adelante. Viene a visitarme de vez en cuando. Con él tomé mis primeros vasos de cerveza, me enseñó a tomar y a evitar las resacas, me enseñó que debo tener el estómago lleno antes de beber alcohol para no emborracharme. Ese día lo vi muy feliz y yo también estaba feliz porque estaba bebiendo con él y sentía que nuestros lazos se estrechaban aún más.

Me apoyó con mi primera enamorada, me aconsejó y me pidió que no descuide mis estudios. Estuvo conmigo cuando terminé con ella después de dos años y medio de relación. Estuvo allí conmigo cuando de pronto no le veía sentido a lo que hacía y me dió fuerzas para seguir adelante.

Mi papá es mi mejor amigo, el siempre me escucha, me responde o resondra, siempre está disponible cuando lo necesito;  y yo también estoy con él para darle fuerzas. Cuando murió su hermano mayor (un segundo padre para mí, de quién hablaré más adelante) estuve allí firme para darle fuerzas, me mostré como un soporte en el cuál apoyarse en las situaciones en las que él no pudiera sostenerse. Cuando mis padres se separaron estuve con ambos para darles ánimos,  le dí fuerza a mi padre para que siguiera adelante y a ayudarle a reconocer que el amor entre el y mi madre había acabado.

Ahora comprendo que mi padre me crió para que yo sea fuerte ante la adversidad y mi madre para que sea ingenioso al resolver mis problemas. Él medió el valor del trabajo, mi madre el valor del estudio; él me enseñó a valorar a las personas, mi madre a valorarme a mi mismo. Dicen que el peor día en la vida de un hombre, es el día en que se dan cuenta que son más fuertes que su padre. Yo creo lo contrario. El día más feliz será cuando me de cuenta que puedo defender a mi padre tal como él lo hizo durante toda mi vida.

Junto a él he pasado grandes momentos, me he divertido mucho con él y me siento muy orgulloso. Recuerdo que en el colegio todos me preguntaban si mi papá se pintaba el pelo, recuerdo cuando se ponía a jugar en la compu con nosotros, cuando me ganaba a mi y a mi hermano en fuerzitas, cuando le puso Cheyufo a nuestro perro y salía a la calle con ese perrito que apenas era más grande que su mano. Recuerdo cuando bajamos el motor del carro y lo transportamos en mi patineta, cuando conoció a mis amigos de la Universidad y me dijo que los cuidará como grandes tesoros. Por todo lo que he vivido con él, hoy día puedo decirle a mi papá: Feliz día Viejo!!! y sé que el me contestará: Viejo tu viejo! :D

Antes de terminar este post, debo hablar de dos personas a las que considero también como padres, dos personas que ayudaron a mi formación y que me dieron grandes lecciones de vida:

  • Tío Richard (Ricardo Dios Alemán) †: El hermano mayor de mi padre. Mi tío Richard me enseñó que el estudiar es el mejor camino para alcanzar el éxito, me felicitó por mis calificaciones y convenció a mi padre para que viniera a estudiar a la UDEP. Pero una de las lecciones más grandes me la dió horas antes de su muerte, cuando se despedía de la familia para regresar a EEUU dónde hacia su PhD. Recuerdo claramente sus palabras: “Hijo, tú sabes que te quiero como mierda; pero hay algo que no me gusta de ti. Quiero que me prometas que dejarás la sobervia a un lado. Es horrible ver a un joven que es guapo, inteligente pero sobervio; es el peor defecto que puedes tener. Yo te lo digo por experiencia propia, deja eso de lado y verás como las cosas van mejorando. Ya no queda mucho tiempo para hablar; pero te prometo que voy a seguir de cerca tu avance, te quiero mucho hijo, tú papá tiene una suerte enorme al tenerte”. Momentos después nos despedimos, yo me vine a Piura y él se fue a Lima. Fue la última vez que lo vi. Se que esté donde esté (aunque sé que esta en el Cielo junto con su hijo Alejandro) me sigue vigilando y alentandome a ser mejor. Desde que era pequeño, el estuvo aconsejando a mi papá y aconsejandome a mí. Gracias por todo tío.
  • Tío Edwin (Edwin Quispe Diestra): El hermano mayor de mi madre. El vivió conmigo en la misma casa, me enseñó como acercarme a las chicas y a ser detallista con ellas, me enseñó a tratarlas y respetarlas. También me enseñó el valor del estudio y del trabajo duro. Desde que se fue a EEUU no lo he vuelto a ver, pero seguimos comunicándonos por internet. Él me regaló los instrumentos de trabajo con los que cuento ahora para desarrollarme en mi carrera, me apoya enconomicamente y moralmente. Me enseñó a ser emprendedor y a usar mi ingenio para hacer negocio. Con él hemos abierto TrujilloSTORE y se ha convertido no solo en mi tío sino también en mi socio. Pronto  me reencontraré con el en Trujillo después de de 12 años, y mi corazón se emociona al saber que pronto podré estrechar su mano como hombre. La última vez que lo abracé yo era un petizito de 8 años de edad, ahora sé que cuando lo abrace podré levantarlo en peso y tomarme un a cervecita y un cevichito con él.

Y así termino este post, con el corazón emocionado y contento porque se que estás personas dieron todo de sí para hacerme mejor persona y en un futuro ser un buen padre como ellos. Felíz Día a todos los Padres (biológicos, de cariño o putativos), me voy porque mañana empiezan mis finales y no debo defraudarlos. Hasta la próxima.

Este es un dibujo que, medio en broma, medio en serio, me hizo reflexionar sobre el daño que le hacemos a nuestro medio ambiente y que por culpa de una mala cultura informática recién tomamos conciencia. Las cosas no serán como antes, la rana ya no cantará…

Estaba la rana

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