
Recuerdo muy bien como mis compañeros levantaban sus manos cuando la profesora decía, cual subasta: “¿Quién trae la leche, quién trae el chocolate, quien trae el azúcar, quién se compromete con los sanguches de pollo?” y muchas cosas que a su alocada, navideña y villanciquera cabeza se le ocurriera.
Ya con los ingredientes en mano se pasaba a elegir a la mamá que iba a preparar este brebaje. Indefectiblemente siempre salía elegida la presidente de la Junta de Padres. Ella y el resto de señoras de su séquito se encargaban de preparar el chocolate y preparar los sanguchitos.
Algo muy curioso que recuerdo de aquellos tiempos es que a todos nos pedían llevar nuestras propias tazas. Así que podíamos apreciar una variedad casi interminable de estas. Habían tazas de colores, tazas con propaganda de alguna tienda de electrodomésticos, tazas con dibujitos, tazas floreadas, tazas de loza blanca con bordes azules y por supuesto la infaltable taza blanca de plástico.
Pero no sólo en colores había gran variedad, también había una gama extraordinaria de tamaños. Siendo así que el gordito del salón siempre llevaba una taza grande, habían tacitas que apenas llenarían lo correspondiente a un sorbo, tazas largas e incluso unas que parecían birras de vikingo.
Llegada la hora de la repartición todos hacían cola y se desesperaban por recibir su ración. Puedo entender que niños que toman leche apenas unas cuantas veces al mes se amontonen por llenar su taza; ¿pero en un colegio privado? En fin yo permanecía sentado en mi carpeta mientras sacaba de mi bolsillo un sobrecito de café, una bolsita con azúcar y de mi mochila un termo con agua calientita, me imagino que sabrán el por qué: Odio el chocolate y más aún la leche!!!
Recuerdo también que siempre la tía que servía la leche con chocolate me decía: “Siquiera este año prueba la lechecita, está rica yo la he hecho… dame tu taza y te sirvo un poquito” y yo siempre respondía: “No, gracias seño pero ya traje mi cafecito”, cogía mi sanguchito de pollo y me iba a mi sitio.
Otra cosa que odio de las chocolatadas es que ese día se “revelaba” quien era tu amigo secreto. He resaltado esa palabra porque en un post anterior hablo con más detalle sobre este juego, haciendo clic allí podrán leerlo completo.
También me molestaban mucho los concursos de villancicos. Creo que todos hemos pasado por ese roche de ponernos un gorrito de Papa Noel en la cabeza con cara de lornazas y cantando frente a todo el colegio villancicos alusivos a lo blanca que es la navidad (claro como si en Trujillo, Piura o Lima nevara) o a lo bonito que es adornar el árbol o peor aún uno dedicado a ese gordito antipático que viste de rojo, todo esto para que nos aumenten la nota en Matemática.
Y para colmo de males uno tenía que asistir a la chocolatada porque casi siempre era el último día de clases y era la última oportunidad de ver a tus compañeros del colegio. Aunque muchos luego se ven durante el verano, ya no es como siempre. Las chocolatadas se vuelven más nostálgicas cuando estás en quinto se secundaria y ves casi por última vez a tus compañeros de salón (digo compañeros y no amigos, porque con estos últimos nos vemos más a menudo) los miras y una frase aparece en tu mente: POR FIN ME LARGO DE AQUÍ.
Quiero terminar este post con una pregunta: ¿Por qué si para nosotros la Navidad llega en el verano tenemos que tomar chocolate caliente? Si conocen la respuesta pueden hacer un comentario aquí. Hasta la próxima.



















Pues siii, comparto la idea de largarme del cole jeje .. oie en mi cole nunca hicimos chokolatada..:S.. no me acuerdo :S!!!
Oie el choko choko caliente es buenazo.. con tu panetón pe…
Creo que tomamos chocolate caliente porque(en mi caso) mi abuela siempre hace el chokolate minutos antes de servirlo pe.. y está caliente, pero igual soplo pa enfriarlo.
Y pues, el término chokolateada se usa cuando se revuelve algo pe… thinking bro!
byes