Tercer domingo de Junio, Día del Padre, del Papi, del Api (tampoco, tampoooco), del Papacito, del Viejo, del Cocho, del Papá. Hace un buen tiempo que no he escrito en mi blog y esta es una buena ocasión para reinaugurar a Momentarius (que por cierto ayer llegó a las 40 000 visitas). Hay padres que son dignos de un monumento, padres que están a tu lado desde que eras una masita amorfa metida en la barriga de tu mami, padres que estuvieron alli ayudándote a dar tus primeros pasos, padres que le pusieron rueditas a tu bicicleta, que te hicieron el nudo a la corbata cuando fuiste a tu primer quinceañero, padres que te esperan hasta altas horas de la noche para ir a recogerte de alguna fiesta, padres que destapan una cerveza contigo, padres que lloran contigo, que rien contigo y se vuelven tus mejores amigos.
Mi padre: Carlos Dios Alemán
Este post va dedicado a mi papá con mucho amor!!! Desde que era muy pequeño, el está a mi lado para enseñarme y mostrarme el mundo. Cuando era pequeño y era el concentido de la familia (por ser el primer nieto), el estuvo alli para corregirme; cuando todos me decían “run run” al carro o “tota” a la pelota, él estaba alli para enseñarme a decir “caaa-rro”, “pe-looo-ta”. Me llevó de la mano unos instantes para darme confianza al caminar, luego me dejaba solo para que yo siguiera. Me enseñó a, que si caía, debía levantarme y seguir. Me enseñó que llorar no te ayuda a solucionar tus problemas. Me enseño a comer con cubiertos y no esperar a que venga alguien a darme de comer. Me enseño a ser responsable por mis cosas, que si tiraba lejos un juguete, tenía que ir yo a recogerlo y no esperar a que pase el abuelito o la tía y lo recoja por mi.
Me enseñó a salirme de la alfombrita en la que siempre estab sentadito esperando que todo me cayera a las manos, me enseñó a hacer las cosas por mi mismo: ir al baño, hablar con propiedad, pedir y no llorar, a asumir las consecuencias de mis actos, a ser agradecido y a superar los obstáculos. Esto solo durante los primeros dos años de mi vida. Cuando nació mi hermano me enseñó a que debía protegerlo a toda costa, a que yo era responsable de su seguridad y que debía enseñarle lo que con amor él me enseñó a mi.
Cuando cumplí 5 años, mi papá respondió con paciencia y tino todas las preguntas que le hacía, me explicó las cosas con cariño, de forma directo y sin mentiras o tabúes. Celebró conmigo mis logros y me apoyó cuando mis ideas no eran escuchadas por nadie. Cuando entré al jardín no lloré el primer día por alejarme de mis padres, el me miraba de lejos pues sabía que tanto él como mi madre me había criado para que fuera independiente.
A esa edad también me enseñó a valorar mi trabajo, cuando lo ayudaba a cambiar la llanta del carro y sostener y alcanzarle las herramientas que él necesitara. Me enseñó el valor intrínseco de las cosas y a darme cuenta que los juguetes que el hacía para mi eran mejores que cualquier Power Ranger y que los dibujitos de animales que él me hacía eran mejores que los muñequitos de plástico que los otros niños tenían. Para mi, algo hecho por mi padre era el mayor tesoro que un niño pudiera tener.
Cuando entré al colegio, mi mamá me enseñó que debía estudiar mucho y a dar lo mejor de mi si quería ser mejor; si tenía una nota baja, mi papá me decía que siempre es más importante aprender lo que te enseñan que sacar un 20, me enseñó que de nada sirve saber más si no comparto lo que sé con los demás. Cuando los abusivos me hacían llorar, el estaba allí para medir la situación. Si quién me molestaba era mayor que yo, mi papá me defendía; pero si yo podía hacerlo por mi mismo y no quería por miedo, el me infundía valor.
Recuerdo una vez que mi papá me castigó por no haberle respondido un golpe a un abusivo. “Si mañana no te botan del colegio por dejar en el hospital al csm que te pegó, yo te agarro a correazos”, hubo un encontrón de ideas con mi madre; pero esas palabras estaban ya en mi cabeza. Al día siguiente, cuando el abusivo me vino a pegar lo estampé contra la pared dejándolo inconciente (ojo que yo de chiquito era petizo y bien flaquito, y el abusivo este era un gordo grandulón). Mi papá me felicitó y abogó por mi ante la directora. Ese año me cambiaron de colegio.
Durante esa etapa de cambio, entre la niñez y la adolescencia, mi papá estuvo allí para resolver todas mis dudas, fue paciente conmigo y me dijo las cosas tal como eran. Me enseñó el valor del trabajo, me enseñó a defenderme por mi mismo, a cuidar de los más débiles (“Tienes que ser fuerte para defender a los que amas” me dijo), me enseño a hacerle caso a mi mamá y a respetar las decisiones de ambos.
Me enseñó que no debía quedarme en un 10% de mi capacidad, me enseñó a dar el 100% por ciento en lo que hacía y a no rendirme. Me enseñó que el trabajo dignifica a la persona. Recuerdo que siempre lo ayudaba cuando era cuestión de reparar el carro en el que hacía taxi; los sábados le hacíamos mantenimiento y el mayor premio era acabar el día cansados después de una ardua jornada; si había dinero nos compraba un heladito.
Cuando cumplí 15 años estuvo allí cuando le conté que la chica que me gustaba no me daba bola, me aconsejó lo que debía hacer y lo que no. Me habló se sexo y abstinencia, de condones y de SIDA. Me enseñó a tratar por igual al profesional, al barrendero, al mendigo, a tratarlos con respeto y a aprender de cada uno de ellos. Me habló de drogas, de alcohol y de malas juntas. Me llevó por toda la ciudad para que conociera por donde debería andar y por donde no, me enseñó con quienes tratar y con quienes no. Me enseñó a usar mi fuerza para defender y no para atacar, me enseñó que el valor del estudio era importante en la vida y que nunca debía dejarlo de lado, que si quería ser el mejor, también debía serlo en el salón de clases.
Mi padre me enseñó (y me sigue enseñando) cosas que no están en los libros o en Google, cosas que solo se aprenden con la experiencia, me enseñó las cosas buenas de la vida para que yo aspirara a seguirlas y también me enseñó el lado oscuro del mundo para que me diera cuenta que debía mantenerme alejado de él, me llevó hasta las zonas más oscuras y peligrosas, a tratar con delincuentes y drogadictos, para que conociera lo que me podría pasar si seguía un mal camino.
Cuando ingresé a la Universidad y me vine a Piura, mi papá me acompañó y me enseñó a lavar mi ropa, a cuidar del dinero y a no malgastarlo. Él regresó a Trujillo y me dijo que confiaba en que yo daría todo de mi para seguir adelante. Viene a visitarme de vez en cuando. Con él tomé mis primeros vasos de cerveza, me enseñó a tomar y a evitar las resacas, me enseñó que debo tener el estómago lleno antes de beber alcohol para no emborracharme. Ese día lo vi muy feliz y yo también estaba feliz porque estaba bebiendo con él y sentía que nuestros lazos se estrechaban aún más.
Me apoyó con mi primera enamorada, me aconsejó y me pidió que no descuide mis estudios. Estuvo conmigo cuando terminé con ella después de dos años y medio de relación. Estuvo allí conmigo cuando de pronto no le veía sentido a lo que hacía y me dió fuerzas para seguir adelante.
Mi papá es mi mejor amigo, el siempre me escucha, me responde o resondra, siempre está disponible cuando lo necesito; y yo también estoy con él para darle fuerzas. Cuando murió su hermano mayor (un segundo padre para mí, de quién hablaré más adelante) estuve allí firme para darle fuerzas, me mostré como un soporte en el cuál apoyarse en las situaciones en las que él no pudiera sostenerse. Cuando mis padres se separaron estuve con ambos para darles ánimos, le dí fuerza a mi padre para que siguiera adelante y a ayudarle a reconocer que el amor entre el y mi madre había acabado.
Ahora comprendo que mi padre me crió para que yo sea fuerte ante la adversidad y mi madre para que sea ingenioso al resolver mis problemas. Él medió el valor del trabajo, mi madre el valor del estudio; él me enseñó a valorar a las personas, mi madre a valorarme a mi mismo. Dicen que el peor día en la vida de un hombre, es el día en que se dan cuenta que son más fuertes que su padre. Yo creo lo contrario. El día más feliz será cuando me de cuenta que puedo defender a mi padre tal como él lo hizo durante toda mi vida.
Junto a él he pasado grandes momentos, me he divertido mucho con él y me siento muy orgulloso. Recuerdo que en el colegio todos me preguntaban si mi papá se pintaba el pelo, recuerdo cuando se ponía a jugar en la compu con nosotros, cuando me ganaba a mi y a mi hermano en fuerzitas, cuando le puso Cheyufo a nuestro perro y salía a la calle con ese perrito que apenas era más grande que su mano. Recuerdo cuando bajamos el motor del carro y lo transportamos en mi patineta, cuando conoció a mis amigos de la Universidad y me dijo que los cuidará como grandes tesoros. Por todo lo que he vivido con él, hoy día puedo decirle a mi papá: Feliz día Viejo!!! y sé que el me contestará: Viejo tu viejo!
Antes de terminar este post, debo hablar de dos personas a las que considero también como padres, dos personas que ayudaron a mi formación y que me dieron grandes lecciones de vida:
- Tío Richard (Ricardo Dios Alemán) †: El hermano mayor de mi padre. Mi tío Richard me enseñó que el estudiar es el mejor camino para alcanzar el éxito, me felicitó por mis calificaciones y convenció a mi padre para que viniera a estudiar a la UDEP. Pero una de las lecciones más grandes me la dió horas antes de su muerte, cuando se despedía de la familia para regresar a EEUU dónde hacia su PhD. Recuerdo claramente sus palabras: “Hijo, tú sabes que te quiero como mierda; pero hay algo que no me gusta de ti. Quiero que me prometas que dejarás la sobervia a un lado. Es horrible ver a un joven que es guapo, inteligente pero sobervio; es el peor defecto que puedes tener. Yo te lo digo por experiencia propia, deja eso de lado y verás como las cosas van mejorando. Ya no queda mucho tiempo para hablar; pero te prometo que voy a seguir de cerca tu avance, te quiero mucho hijo, tú papá tiene una suerte enorme al tenerte”. Momentos después nos despedimos, yo me vine a Piura y él se fue a Lima. Fue la última vez que lo vi. Se que esté donde esté (aunque sé que esta en el Cielo junto con su hijo Alejandro) me sigue vigilando y alentandome a ser mejor. Desde que era pequeño, el estuvo aconsejando a mi papá y aconsejandome a mí. Gracias por todo tío.
- Tío Edwin (Edwin Quispe Diestra): El hermano mayor de mi madre. El vivió conmigo en la misma casa, me enseñó como acercarme a las chicas y a ser detallista con ellas, me enseñó a tratarlas y respetarlas. También me enseñó el valor del estudio y del trabajo duro. Desde que se fue a EEUU no lo he vuelto a ver, pero seguimos comunicándonos por internet. Él me regaló los instrumentos de trabajo con los que cuento ahora para desarrollarme en mi carrera, me apoya enconomicamente y moralmente. Me enseñó a ser emprendedor y a usar mi ingenio para hacer negocio. Con él hemos abierto TrujilloSTORE y se ha convertido no solo en mi tío sino también en mi socio. Pronto me reencontraré con el en Trujillo después de de 12 años, y mi corazón se emociona al saber que pronto podré estrechar su mano como hombre. La última vez que lo abracé yo era un petizito de 8 años de edad, ahora sé que cuando lo abrace podré levantarlo en peso y tomarme un a cervecita y un cevichito con él.
Y así termino este post, con el corazón emocionado y contento porque se que estás personas dieron todo de sí para hacerme mejor persona y en un futuro ser un buen padre como ellos. Felíz Día a todos los Padres (biológicos, de cariño o putativos), me voy porque mañana empiezan mis finales y no debo defraudarlos. Hasta la próxima.




















Genial … Me encanto!
Que lindo! Saludos a tu papi =]
Ya extrañaba los posts
no te pierdas
Jejeje thanks!!! lo que pasa es que ando ocupadiño porque ya empezaron mis finales, pero el dia del padre ameritaba un buen post
al parecer tb ando con el Sindrome de la Hoja en Blanco -.-”
Felicidades por tener un buen padre, y él por tener un buen hijo.
Saludos
Me quedé encantada y emocionada por este Posta tan lindo y gracias por compartir tus experiencias.
jeje… gracias a ti por seguir leyendo Momentarius ^^
Inspirador!!!
Hiciste emocionar mucho a tu padre… y a mi también.
Felicidades!
Hola Eddo, como pasa el tiempo! parece hace poquisimo cuando te veia chiquitito, bien trompudo y con el seño fruncido mirando a tu papá mientra te resondraba… como pasa el tiempo, hoy me haz hecho llorar. Es que soy padre y es maravilloso “escuchar” a un hijo decirle esas cosas a su viejo. Ademas no hablas de cualquier “viejo”, hablas de mi amigo Carlos= Rojo, uno de mis mejores amigo y, sin duda, una de las personas mas nobles que he conocido… y es maravilloso (y logico) que tu admires tanto a tu padre como los que tambien lo conocemos y queremos. Lo que escribiste no solo es un homenaje a tu padre (y a tus tios), es un homenaje a ti mismo, por saber escuchar, por saber valorar, por tener la valentia de ser un buen hombre en un mundo como este.
Un abrazo
Muchas gracias sr Yuri
que bueno que le haya gustado este pequeño homenaje. Es que muchas veces los hijos no sabemos decirles a nuestros padres cuanto los amamos y cuan importantes son sus enseñanzas. Si recuerdo cuando mi papá me resondraba de chiquito, ahora yo lo resondro a él jajaja. Un abrazo y saludos.;)
AH!! en algo no estoy de acuerdo… como es posible que él te enseñe a tomar! si es el mas grande cabeza de pollo que conozco! jaja
Eduardo
Mi nieto querido.
He tenido la alegre satisfaccion de leer tu composicion sobre El Padre “Viejo tu Viejo”, y que lo dirijes a quien te dio la vida y todos los çonocimientos que has desarrollado con la inteligencia que te caracteriza, te lo digo sinceramente que tube que decirle a tu tio Tito que terminara la lectura por que como dice tu hermano Guillermo -se me hacia un nido en la garganta , yó te agradesco hijo por que tambien encuentro algo para mi , gracias de nuevo, que el Señor te bendiga , te proteja y te de mas y mas inteligencia y sabiduria,
Te quiro de veras
Ricardo
Gracias abuelito, en serio me emociona mucho que hayas podido leer este post. Yo lo hice con mucho cariño para todas las personas que estuvieron alli desde que yo era pequeño para corregirme y formarme tal como soy ahora. Un abrazo enorme para ti y para mi abuelita.
Un churro mi suegrito